El Poder Financiero Internacional es el mayor responsable de la Corrupción, el Saqueo y la Violencia Económica sobre los Pueblos

El Día Internacional de los Bancos, se celebra el 4 de diciembre, una fecha creada el año pasado, por medio de un decreto establecido por la ONU para: «reconocer la importante aportación de la banca internacional con el fin de financiar el desarrollo sostenible y de esta forma mejorar la calidad de vida de la población mundial».

Los humanistas tenemos una mirada muy diferente sobre el papel de la banca privada internacional. Entendemos que son los grandes responsables de la insostenibilidad del actual inhumano sistema capitalista y su accionar perjudica brutalmente la calidad de vida de la mayoría de la población mundial. La creación de la banca nos puede llevar en sus orígenes rudimentarios, unos 4000 mil años atrás en la historia humana, con los primeros préstamos comerciales en las culturas asirio-babilónicas.

La llamada «banca moderna» comienza a desarrollarse en el medioevo europeo. Florencia, Ámsterdam y Londres pueden ser consideradas las primeras ciudades donde el sistema financiero privado, cobró impulso para luego expandirse por todo Europa. Los bancos como auxiliares facilitadores de la producción, el ahorro y el comercio han ido paulatinamente generando una monstruosa acumulación de poder, basado en esa estafa naturalizada que es la usura, que nos arrastra al caos económico y a la debacle de la economía productiva.

Llamamos banca no solo a los bancos, sino a todo el capital financiero que lucra con el cobro de intereses por créditos, con la sobreutilidad de negocios vinculados al otorgamiento de préstamos y con la posterior apropiación de bienes y servicios claves. Ganan dinero con el dinero, prestan y, cuando no se puede devolver el dinero prestado, la banca se lo cobra en «especies» (la casa, las instalaciones de las empresas, las tierras, otros inmuebles, empresas o bienes del estado, etc.)

Hoy día los bancos privados forman parte de un conglomerado económico, donde por un lado compiten entre ellos disputándose el mercado mundial, pero por otro actúan juntos basados en intereses comunes como oponerse y resistir cualquier propuesta de cambio que regule y controle su accionar.

El crédito privado que se vende a sí mismo como una herramienta para el desarrollo, ha terminado siendo un arma parasitaria de la usura.

La banca privada es la vanguardia de una globalización que funciona como una suerte de imperialismo financiero. La acumulación de riqueza tendencia histórica del capitalismo, ha desbordado los canales de la inversión productiva para pasar a inflar las burbujas especulativas, sistematizar la usura, y acelerar la concentración oligopólica.

A comienzos de los años 70 del siglo pasado se potenció la usura internacional, endeudando no solo empresas sino países. El Neoliberalismo de los años 80 y 90 terminó con las pocas barreras que tenía el capital financiero internacional en su globalización, con la apertura de los mercados y gracias a los grandes avances tecnológicos en las telecomunicaciones.

Se ha instalado un verdadero para-estado privado, conformado por el poder financiero internacional ejerciendo un dominio sobre la economía y la política a través de la especulación y la usura, como una verdadera dictadura de facto.

En 2008 se produjo una implosión financiera en el núcleo económico del imperio, que tuvo entre otras condiciones previas, el voraz endeudamiento de los ciudadanos de EE.UU. La avidez del capital financiero generó la burbuja especulativa y contagió también a Europa. Los gobiernos no tomaron medidas para limitar el poder financiero, por el contrario, la banca pública de esos países, subsidió a los bancos privados con miles de millones de dólares y euros, mientras la gente perdía sus viviendas. A quienes provocaron la mayor crisis económica de los últimos tiempos, se los premió con más negocios, más dinero, más poder. Ningún banquero fue a prisión (salvo en Islandia) y ningún banco fue cerrado.

Entre 2009 y 2014, grandes entidades financieras pagaron 178.000 millones de dólares, para evitar sanciones y juicios por actos de corrupción (manipulación de mercados, evasión fiscal, falsedad de datos, fraude financiero, lavado de dinero de actividades ilícitas) que estuvieron involucradas: Bank of America, HSBC, JP Morgan Chase, Citigroup, Morgan Stanley, Wells Fargo, Goldman Sachs, Credit Suisse, Lloyds Banking Group, Santander, representando a una buena parte de las entidades más grandes del mercado bancario mundial[1].

El entramado de robo y estafa planetaria que tienen en los bancos su principal actor se complementa y articula con los fondos de inversión, las calificadoras de riesgo, las guaridas o «paraísos» fiscales, los estudios jurídicos, las grandes firmas internacionales de auditoría y consultoría, los enormes estudios contables, los grandes agentes inmobiliarios, las consultoras financieras, los sistemas de administración de fortunas, las bolsas de valores y sus agentes, las aseguradoras y reaseguradoras, fideicomisos, y numerosas figuras legales para obtener una porción cada vez mayor de los réditos en la economía.

La creación» fraccionaria» del dinero, «bonos», «acciones», «commodities», «derivados», son los instrumentos técnicos principales, que conforman lo que ellos llaman «activos financieros» y “productos financieros”, eufemismos con los que denominan a los medios de apropiarse de lo que produce la economía real, la del trabajo y el capital.

La banca además manipula los organismos financieros internacionales y ha gestado su justicia global, mediante tribunales internacionales como el CIADI. La Reserva Federal de EE:UU, el FMI, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo, así como numerosas instituciones “técnicas” son parte del núcleo, de los grandes instrumentos institucionales que están bajo dominio real de la elite financiera privada internacional.

La evasión, fuga de capitales y lavado de dinero a gran escala, como la banca offshore y los paraísos fiscales, no se presentan ante la sociedad como los hechos de alta corrupción que realmente son.

Es urgente acabar con la Dictadura del Capital Financiero Internacional, principal responsable del hambre, la depredación del medio ambiente, la violencia social y buena parte de las guerras.

Las y los humanistas sostenemos que solo la desarticulación del poder de la banca y su reemplazo por el crédito de bancos que presten sin interés, podrán revertir esta dirección nefasta y destructiva. Los bancos son útiles para no tener que volver a una economía del trueque. Es el Estado quien debe garantizar el servicio público del dinero, para aceitar el crecimiento productivo de bienes, servicios y el intercambio en la sociedad.

El Partido Humanista Internacional propone la creación de una banca pública sin interés. El Estado no apuntará a lucrar como los privados, sino financiar el aparato productivo y el consumo de la población. La banca solo cobrará para el sostenimiento de su costo logístico (gasto administrativo).

Estatizar la banca y administrar el manejo del flujo financiero, es una medida revolucionaria e imprescindible. Los bancos centrales de los países, no pueden seguir siendo sucursales del poder financiero global. Deben surgir bancos públicos en toda la escala del multinivel administrativo (Estados, provincias, regiones, municipios, alcaldías, comunas, etc.).

Los gobiernos deben dejar de rescatar a los bancos –con los recursos de toda la sociedad– en cada crisis que se produce. Deben rescatar a ahorristas, jubilados y trabajadores, estatizando cada banco privado que colapse.

Las y los humanistas somos conscientes de que no podemos plantear estos cambios aisladamente, sino que deben formar parte de un cambio simultáneo que genere un nuevo sistema cultural, económico, político y social. Es necesaria la participación ciudadana creciente, la democratización real de la sociedad, la descentralización administrativa, para que los ahorros se vuelquen a lo productivo, a los créditos para viviendas, al financiamiento de las obras públicas (obras para el pueblo en salud, educación y calidad de vida).

Necesitamos generar conciencia que el sistema financiero es por excelencia el enemigo de la economía y de las democracias.

Necesitaremos movilizarnos mundialmente contra la banca privada, la fuga de capitales, los paraísos fiscales, las sociedades offshore, la opacidad de un sistema poco ético que financia operaciones fraudulentas, ilegales e inmorales, exigiendo el cumplimiento de la responsabilidad y la función social que debe cumplir la banca en cada país y a nivel internacional. Urge crear una banca pública mundial solidaria y, mientras exista la banca privada, fijar impuestos a los grandes capitales especulativos y a las transacciones financieras.

Para las y los humanistas existen como factores de la economía productiva, solo el trabajo y el capital, y están demás la especulación y la usura.

“Robar un banco es un delito, pero es más delito crearlo”,
atribuído a Bertold Bretch.

Equipo de Coordinación Internacional
Federación de Partidos Humanistas