Hacia un nuevo amanecer en la humanidad

Hoy 20 de diciembre la ONU  desde el año 2005 celebra el día Internacional de la Solidaridad Humana.

Según esta organización, el significado del día es poder celebrar la unidad en la diversidad, recordar a los gobiernos  que deben respetar sus compromisos con los acuerdos internacionales.

Sensibilizar al público sobre la importancia de la solidaridad; poner fin a la pobreza.

Esta organización afirma que  » La solidaridad ha definido el trabajo de las Naciones Unidas desde el nacimiento de la organización. Desde su creación, atrajo  a los pueblos del mundo para promover la paz, los derechos humanos y el desarrollo económico y social».

Las y los humanistas observamos que las buenas intenciones de la declamación de la  ONU, se quedan en el camino, en una civilización planetaria cuyas cúpulas  sostienen al dinero como valor central.

Y orientan la toma de decisiones en base a criterios individualistas, egoístas que nada tienen que ver con la solidaridad.

Incluso Naciones  Unidas ha jugado y está jugando un rol militar creciente que entraña no pocos peligros.

Una vez más se está comprometiendo la soberanía y autodeterminación de los pueblos mediante la manipulación de los conceptos de paz y de solidaridad internacional.

En el paradigma humanista, la solidaridad y la libertad son categorías y valores complementarios entre sí.

El  principio  moral que define nuestro modo de apreciar la solidaridad  lo relaciona de modo indivisible con la libertad. Ese principio dice así » cuanto tratas a los demás como quieres que te traten te liberas».  

En diferentes culturas ,  el emplazamiento solidario ante los demás se ha expresado de manera similar , a  esa actitud se la conoce desde antiguo  como la regla de oro

 A lo largo de la historia se ha dicho por ejemplo: “No hagas a otro lo que no te gustaría que te hicieran” Confucio ; “Que me sea dado hacer a los otros lo que yo quisiera que me hicieran a mí” Platón;

“Lo que no quieras para ti no lo hagas a tu prójimo” Rabino Hillel;  “El hombre debe esforzarse por tratar a todas las criaturas como a él le gustaría que le tratasen” afirma la máxima Jainista;

“Todas las cosas que quisierais que los hombres hicieran con vosotros, así también haced vosotros con ellos” se expresa en la doctrina cristiana; “Trata a los demás como tú quisieras que te trataran”  entre los sikhs.

La existencia de la Regla de Oro fue comprobada por Heródoto en distintos pueblos de la antigüedad hace casi 2500 años.

En el presente la palabra solidaridad en boca de las cúpulas opresoras o en sus cómplices  es un ejercicio de  cinismo, manipulación  y crueldad.

El sistema actual ha puesto al dinero como valor central, al ascenso de estatus en una escala social injusta y violenta , justificando los métodos utilizados en nombre de supuestas soluciones prácticas coyunturales.

El mandato del pragmatismo neoliberal solo permite en el mejor de los casos, que la solidaridad llegue a un grupo mínimo de personas llamadas «los seres queridos», el resto son extraños, competidores, clientes pero jamás seres humanos  que merecen  que intentemos tratarlos como queremos ser tratados.

Esta forma de pensar y de proceder si bien proviene desde hace casi cinco décadas de USA y se ha hecho fuerte en Europa, se ha extendido por todos los continentes del planeta y es la sensibilidad y el modo de valorar la vida de los pueblos,  que tienen las elites gobernantes en casi todos los países .

A este poder del dinero, de los medios de comunicación, y de la minoría  gobernante solo se le podrá oponer la  base humana organizada.

Adaptada crecientemente en cada sociedad basando  sus vínculos en la solidaridad y la libertad, valores hermanos e indivisibles en nuestra, concepción de las relaciones humanas e indispensables para reconstituir el tejido social.

La solidaridad junto a la compasión son las actitudes y sentimientos más profundos y verdaderos con  los que contamos los seres humanos para afirmarnos en el intento de erradicar el dolor y el sufrimiento en las sociedades en que vivimos. 

Si recorremos el mundo, sus regiones, sus pueblos nos encontraremos con prácticas cotidianas,  donde a pesar de que todo desde el poder real,  este organizado para aislar, dividir, competir, a pesar de eso, la solidaridad se abre paso.

Un número inestimable de agrupaciones de todo tipo, de diversidad de tareas, de formas  de ayuda, de reciprocidad ,  tienen como blanco el ponerse en el lugar del otro. 

Cuando las y los humanistas hablamos de antidiscriminación, de no violencia activa ,  de respeto por la diversidad , de elección de las condiciones de vida a las que aspiramos y de compasión para con los demás, ¡está resonando este principio de solidaridad!

La verdadera solidaridad genera una apertura en quien la practica, brota de la profundidad humana sencilla y sincera .

A través de ella, nos develamos a nosotros mismos en los demás.

La solidaridad no puede imponerse como conducta, es un valor que ofrece un ideal y un modelo a seguir que nos permite avanzar en el fortalecimiento de la grandeza humana, en el crecimiento de nuestra propia vida y la práctica de la transformación social.

Equipo de Coordinación Internacional
 Federación de Partidos Humanistas